Fotografía: Jon Enoch

Nuno Espirito Santo

Wolverhampton, 2017- Presente

Voy a ser franco. Yo fui portero, pero a lo largo de mi carrera pasé casi la misma cantidad de tiempo sentado en el banquillo que jugando.

Sin embargo, esto, lejos de ser un problema, me dio dos visiones. Dos perspectivas. Me permitió ver el juego, el espacio; en definitiva, ver todo lo que ocurre sobre un campo de juego. Me ayudó en la forma cómo entiendo el fútbol ahora.

Mi idea de ser entrenador llegó tarde. Cuando te das cuenta de que el balón va más rápido que tú, te dices a ti mismo: “Ok, me encanta el fútbol. Quiero seguir en este mundo, pero no como jugador”.

Fue entonces cuando comencé realmente a pensar sobre el juego. A aprender de eso. Pasé dos o tres años en ese proceso real de intentar meterme dentro del fútbol y mirar a mi futuro.

“Mourinho tuvo un gran impacto sobre mí”

Aprendía mucho de los entrenadores para los que jugué.

En el Porto, con Jose Mourinho, ganamos todos con un grupo fantástico de futbolistas. Mourinho lo construyó. Nos hizo triunfar, ganar todo. Esto tuvo un gran impacto en mí.

Más tarde, de vuelta en Porto, llegó una persona como Jesualdo Ferreira. Tantos años en el fútbol y un hombre completamente lógico en todo lo que dice.

Hay otras cosas también. Jugué en Rusia, en España. Fui parte de la selección nacional de Portugal. Tomas todo lo que experimentas y es como si lo guardaras en una caja. Entonces, cuando necesitas algo de allí, vas y los agarras. Se vuelve un instinto.

Jon Enoch/The Coaches' Voice

Ferreira me dio mi primera experiencia como entrenador con el Málaga y luego el Panathinaikos. Tenía un equipo muy bueno de gente trabajando con él. Uno de ellos, Rui Pedro Silva, es ahora mi asistente en el Wolverhampton. Aquí es cuando todo cambia.

Te adhieres a una filosofía específica. Un punto de vista de cómo funciona el fútbol al que añades tú propia visión del juego. Luego se lo transmites a los demás, todos los que están dentro del vestuario. Es importante conectar este sentimiento a tu forma de actuar sobre el campo.

Se trata de diálogo. Se trata de saber compartir. Una de las mayores cosas que la dinámica de grupo exige es escuchar y entender, para aprender a través de escuchar a los otros. Siempre debes tener espacio para compartir opiniones, pero al mismo tiempo debes estar listo para tomar decisiones que encajan con tu forma de pensar.

En ese momento es cuando reconoces que estás listo para ser un líder, ser la figura principal de algo. Esta es la sensación que tuve cuando fui entrenador principal por primera vez.

Fui afortunado. Cuando tomé el puesto en Rio Ave nunca antes  había entrenado en ningún lado en Portugal. No era fácil que te dieran un club en la liga principal en esa época, pero, por supuesto, conocía el fútbol portugués y a un buen grupo de gente que podía ayudarme.

Fue un verdadero desafío, al que llegamos con una sólida idea de hacer crecer a este club. Crecer de manera real. Sin objetivos, pero viendo hasta dónde podíamos llegar.

Jon Enoch/The Coaches' Voice

El primer año quedamos sextos en la liga. Ahí te dices a ti mismo. “Perfecto, ha estado bien, pero para el segundo año haremos algo más grande”.

Haces una apuesta contigo mismo. Hecha esa apuesta, te das todo para ganarla.

Salió bastante bien. Llegamos a dos finales de copas nacionales y logramos meter al club en la Europa League por primera vez en su historia.

“Entrenar al Valencia fue como subir tres peldaños a la vez”

Eso fue algo grande para el club. Muy grande. Todavía hoy nos hace sentir orgullosos, pero al mismo tiempo fuimos lo suficientemente humildes para reconocer que habíamos recibido una gran oportunidad de la gente que confió en nosotros. Ellos confiaron en nosotros y nos dieron el espacio para desarrollar nuestra idea.

El momento cuando supe que iría al Valencia fue increíble.

Es como si estuviera subiendo una escalera. “Ok, eres el entrenador de Rio Ave. Pero toca subir al siguiente peldaño”. Sin embargo, el cambio a Valencia fue como tres pasos en uno. Fue un desafío grande en un club enorme. “¡Vamos adelante!”, me dije.

Sentí algo distinto. En Mestalla (campo del Valencia CF) no solo eran 50.000 aficionados, eran 50.000 ruidosos aficionados. Sobre todo en la Champions League, donde cada partido es contra un equipo muy, muy bueno. Estamos hablando de Champions League, equipos enormes, con clubes históricos. Todo equipo al que te enfrentas es tan grande como el tuyo o incluso más.

Jose Jordan/AFP/Getty Images

Luego tocó el Porto FC.

Ser jugador durante tantos años en un club (de 2002 a 2004 y de 2007 a 2010) te da algo que casi nadie tiene. Conoces el equipo. Lo sientes. Sabes lo que es trabajar y pelear por ese escudo. Eso fue lo que me hizo sentir que estábamos listos: “Quiero ganar con este club, así que solo tengo que ser yo mismo”.

Comenzamos la temporada con objetivos claros que lograr. El primero era estar en la Champions League, aunque para eso antes teníamos que afrontan un play-off contra el Roma.

“Un club no solo depende de los jugadores que estén en el campo. Necesita mucho más”

Ese era el principal objetivo del club, así que desde el primer día de preparación solo pensamos en eso. Después, podíamos luchar por cada partido, por todo lo que queríamos ganar y mirar a nuestros objetivos finales.

Un club de fútbol no solo tiene que ver con los jugadores que estén en el campo. Necesita mucho más para poder ganar, y ganar durante muchos años.  Todo el mundo es necesario en esos grandes momentos y en el Porto el sentimiento de los aficionados era bueno. El Estadio do Dragao siempre estaba lleno. La gente siempre estuvo apoyando al equipo y eso era importante para todos.

Francisco Leong/AFP/Getty Images

Aprendí mucho de mi período allí. Lo primero de todo, que un empate no era algo que consideraras como bueno.

Como entrenador, eso te hace crecer. Tienes que ganar cada partido y trabajas 24 horas del día para lograrlo. No pasa nada más en tu vida. No te puedes relajar.  No debes. Todo tienen que ver con ganar y eso te impulsa y te hace más fuerte. Mucho más fuerte.

Eso, al mismo tiempo, hace que el sentimiento ante los malos resultados sea terrible. Lo odias. Esa noche no duermes. Sin embargo, tienes que estar listo otra vez la siguiente mañana para ir hacia el próximo paso.

Es duro, pero rindes mejor cuando tienes las herramientas que te ayudan a desconectar. Estoy en ese proceso. A veces puedo desconectar y tan solo pensar en la vida.

Sin embargo, en la etapa con el Wolverhampton no he podido hacerlo. Esto llega con tiempo.

Como tu idea.

Nuno Espirito Santo

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